El cuento de a mi me gusto mucho ahí va, y su que para que no diga que no le hago caso T_T.
A primera vista (o Amor de Metro)
Lunes, como de costumbre al salir de clase me dirigí a la estación del metro, a sentarme ahí a solas a leer en el andén de Copilco, mientras la muchedumbre de la hora pico se disuelve entre los vagones. Muchas veces he seguido esa rutina y a decir verdad es tanta gente la que se va y llega que no logro percibir ya nada más que sombras. Y yo ahí, sentada en un rincón, leyendo alguna novela romántica o creando mundos imaginarios mientras ese andén tan bullicioso se convierte en un eco silencioso…
Mi rutina es común, salgo de clases, me dirijo a la estación, espero que el bullicio se convierta en eco, subo al vagón, avanzo de Copilco a Balderas y de Balderas a Cuauhtémoc para llegar al departamento de Dr. Liceaga que se convirtió en mi hogar.
Lunes, odio los lunes, el silencio del anden me daba el indicio del siguiente paso en la rutina, me levante del suelo donde me siento, guarde mi libro en la mochila y me coloque en el lugar de siempre, al centro y detrás de la línea amarilla, no hasta delante, donde van las “señoritas” y las ancianas, ni hasta atrás, donde se dan los encuentros entre homosexuales… prefiero el centro, donde no pasa nada fuera de lo rutinario, o bueno, nada fuera de mi rutina. Espero pocos minutos mientras llega la impresionante maquinaria semiautomatizada, abre las puertas con ese clásico y fastidiosos “bip”. La alarma que en horas pico convierte en bestias salvajes a las personas que llevan prisa, empujándose unos a otros hasta rellenar cada recoveco habido y por haber de cada vagón… Odio las horas pico.
Bueno, no es hora pico, el vagón esta cómodamente vacío, o lo que podría definirse así, en comparación con otros horarios, así que subo tranquilamente y me siento en el asiento para discapacitados, embarazadas y/o ancianos, es el mas cómodo para leer, o al menos a mi me lo parece. Y ahí estaba sentada plácidamente sin mirar alrededor cuando en un bostezo sin darme cuenta, entre Quevedo y Coyoacán – o quizás en centro medico, perdí la noción de las estaciones - subió él. Era el hombre mas hermoso que he visto en mi vi… ok quizás no, pero me enamoré a primera vista, alto, ojos azul celeste, ceja poblada, cuerpo atlético, piernas largas, brazos robustos, cabello ondulado y rubio, labios delgados y rosados y ese semblante indiferente que me parece tan sensual. Lo sé, tengo gustos raros… Su sola imagen me congelo.
Llegamos a Balderas y yo debo bajar pero me quedo inmóvil, entonces lo veo a el tomar su maleta pequeña – seguramente de gimnasio – y salir del vagón, acto seguido me levanto como muñeca con resorte y como por instinto lo sigo entre la multitud tratando de no perderlo, mirando entre el tumulto, buscando su cabellera… pero ya no esta…
Con un hilo de esperanza me siento en el andén de Balderas, quizás pase por aquí de nuevo…
Se acerca la noche y tengo hambre, resignada me dirijo a la línea rosa, hacia Cuauhtémoc, a mi departamento y a dormir… quizás mañana, quizás…
Es martes, la rutina se convirtió en la misma, hoy lo vi de nuevo, y lo seguí hasta salir de la estación de Balderas, al menos ahora sé que no transborda…
Miércoles, nuevamente lo vi… la misma hora, el mismo anden, sube siempre en Coyoacán, ¿será que vive cerca de ahí o será que vive por Balderas?
Jueves, tropecé con él en un fingido intento por acercarme, su aroma es tan sensual, no sé como lo hace pero me vuelve loca, hoy decidí seguirlo en Balderas, creo que noto mi presencia y a mi me gano la vergüenza así que me escondí. Mañana me armaré de valor y sé lo diré todo.
Viernes, tengo el corazón despedazado, hoy tardo un poco más de la cuenta, así que decidí esperarlo en la estación de Coyoacán, sentada como en Copilco, pasaron dos horas y no lo vi subir. Cuando estuve a punto de desistir lo vi llegar, abrazado de una chica. La escena me conmovió porque él se veía tan feliz, tan lleno de vida y brillo en los ojos… pero inevitablemente me rompió el corazón. Espero que sea feliz…
Sábado, no soporto el dolor la agonía punzante en el pecho, quema, duele, consume, quiero verlo… pero no sé aparece por la estación, me paso el día esperando, pero no viene, debe estar con ella.
Domingo, me siento mejor hoy… creo que lo he superado, digo, en realidad ni siquiera sabia su nombre, que diablos me pasaba por la cabeza, me debe faltar B12, mañana compro un frasco de vitaminas.
Lunes, vaya mundo de locos, estaba como de costumbre en Copilco, subí al vagón y cuando baje en Balderas un tipo me abordo, me dijo que se había enamorado de mí, que se llamaba Esteban y que le gustaría salir conmigo. Pero que diablos le sucede a la gente hoy en día, eso del amor a primera vista me parece poco creíble, encima me confiesa que me ha estado siguiendo y que le gusta verme leer, me parece un poco perturbador… pero si hasta me regalo un libro ¡por Dios! ¿¡Que tiene en la cabeza el tal Esteban!?
Aunque debo admitir que tiene agallas, y que realmente me pareció halagador, algo raro. En fin, acepte salir con el mañana, quizás valga la pena…
Otrebla Aleuznelav